TEXTOS

The Beatles' Garden: El disco al desguace
"Let It Be"/"You Know My Name (Look Up The Number)"
4/10/05

os Beatles en realidad ya no existían el 6 de marzo de 1970 cuando su último single, el vigésimo segundo de la discografía en este formato, irrumpió en el Reino Unido adornando de aparente novedad el incierto futuro del grupo. La portada mostraba las cuatro fotos individuales de Ethan A. Russell, repetidas luego en el álbum como un reflejo de su secreto a voces, a saber, que John Lennon mantenía viva a la Plastic Ono Band con un long play y tres sencillos, que Paul McCartney y Ringo Starr preparaban sendos discos para su lanzamiento en solitario y que George Harrison se disponía a grabar el suyo en Abbey Road. El 10 de abril se despejarían oficialmente todas estas incógnitas.

   "Let It Be"/"You Know My Name (Look Up The Number)" entró en el puesto 9 de la lista de New Musical Express el 11 de marzo, ascendió al 3 la semana siguiente pero no progresó, aunque alcanzaría el 2 en la de Record Retailer. Cinco semanas en el top 10 y siete en el top 30 delimitaron su paso por los charts británicos, que volverían a acogerlo en el número 64, cuando se reeditó en The Singles Collection exactamente seis años después.

   En América salió al mercado el 11 de marzo y batió el récord que el propio cuarteto ya ostentaba por la máxima posición de entrada en el hit parade, en este caso la sexta el día 21. Y fue número 1 dos semanas, permaneciendo trece en el top 30. Las ventas rozaron el millón y medio de ejemplares en dicho país y el doble en todo el mundo.

   Apple distribuyó a las emisoras de televisión un clip de 16 mm en color con una de las muchas tomas que reportaría el 31 de enero de 1969, complementada con recursos de "Two Of Us" y "The Long And Winding Road", sincronizada con el audio del single y diferente a la contenida en el filme. Una campaña de promoción que, por motivos más que obvios, sólo afectó a la cara A.

"Let It Be" (25, 26, 31 de enero, 30 de abril de 1969, 4 de enero y 26 de marzo de 1970)
JL: bajo, percusión, coros; PM: bajo*, piano acústico y eléctrico*, percusión, voz, coros; GH: guitarra, coros; RS: batería; Linda McCartney: coros; Billy Preston: órgano; músicos de sesión: violonchelos, dos trompetas, dos trombones, un saxo tenor.

   La difunta Mary McCartney alentó en sueños a su hijo Paul para que sobrellevara la pesada cruz beatle en verano de 1968 y él, arrastrado por la corriente espiritual negra que marcó el temible paso de una década a otra, le respondió con un "así sea" creando "Let It Be". Y no sólo de este malentendido himno "mariano" se nutrió la historia inmediata de la música, pues The Band cargó antes con "The Weight" y Simon & Garfunkel cruzaron después su "Bridge Over Troubled Water". Lo cierto es que algunos de los privilegiados que firmaron el libro de visitas del "álbum blanco" recuerdan a McCartney tocar con orgullo aquella especie de prolongación de "Hey Jude" que no fue conservada en ningún soporte material...

   Una canción a medio escribir y una manzana a medio comer, ambas en el piano de cola de Twickenham, dotaron de un simbolismo inesperado las prácticas matutinas de Paul McCartney al teclado el 3 de enero de 1969 durante la segunda jornada del proyecto Get Back, con cuyas imágenes daría comienzo la película. Las cintas revelan que "Let It Be" surgió como por sorpresa, exhibiendo brevemente una primera estrofa y parte del estribillo en 1'10", ante un inexpresivo Ringo en calidad de único testigo. Acompañado esporádicamente por los tambores de éste y las elucubraciones guitarrísticas de John, su autor quiso repasarla cinco días más tarde, pero sólo recibió la insolente sugerencia lennoniana de cambiar el personaje de Mother Mary por el de Brother Malcolm, "Mal" para los amigos. George Harrison se abstuvo.

   La presentación formal del tema al grupo ocurrió el 9, no sin antes recordarlo Paul al piano y comentar su intención de hacerlo más suave siempre que apareciera la palabra whisper, cual si de un susurro se tratara. Le enseñó un patrón rítmico a Ringo y los acordes básicos a John para que se encargara del bajo, asegurándole que no le costaría aprendérselo, y organizó las voces en una posible armonía triple con Harrison cantando la aguda y Lennon la grave. Todo ello en una hora que fue rematada con bromas de corte religioso, como un sermón inicial y la asunción lírica de Brother Malcolm por lo referente a McCartney o los desvaríos místicos de John Lennon. El primero destacó a continuación las fuentes gospel de "Let It Be", mencionando a Aretha Frankling, y se aventuró en un pasaje instrumental, tras lo cual Glyn Johns, en el papel de George Martin, discutió los arreglos con el cuarteto. Luego trabajaron en un final y George Harrison buscó otros caminos para sus fraseos de guitarra. La sesión culminó con una interpretación bastante disciplinada, a pesar de que Paul cubriera las estrofas inconclusas con un texto sobre el Record Mirror. El día después volvería a sonar en Twickenham, pero jamás transcendió en audio.

   El 25 de enero reanudaron en Apple los ensayos de "Let It Be" con la esperanza de registrar alguna toma decente, Paul al piano Blüthner, Ringo a la batería Ludwig Hollywood, George a la guitarra Fender Telecaster Rosewood, John sentado en el suelo con las piernas cruzadas, alternando el bajo Fender VI, una maraca y los besos de Yoko. Tras escuchar los playbacks en la sala de control y concretar la estructura, un tópico que siempre inquietó a Harrison, la banda abordó el tema con tres estrofas de las que sólo dos estaban escritas, sin ocultar su cansancio y ajena a que esta grabación sería escogida por sus supervivientes para engrosar la colección Anthology 3 -véase TBG 16-, en versión estéreo. Alan Parsons, que figuró como técnico subordinado a Johns en la exigua documentación que ha sobrevivido, quizá sintiera que se cerraba un ciclo con la lejana y pausada evocación de "Please Please Me" en que derivó aquello, una impresión que estuvo a punto de materializarse gráficamente en la portada del LP cuando Angus McBean recompuso la foto de 1963.

   Billy Preston entró en juego con el órgano Hammond el día 26 y propició un ambiente más distendido que a Lennon debió de recordar sus años escolares, pues comparó su cometido al bajo con quedarse en el colegio después de clase, a lo que McCartney replicó "castigándole" a tocar cien veces "Let It Be". Aunque las tentativas no rondaron ni por asomo esa cifra, una de ellas valió por todas, y fue aquella en que Paul compaginaba la primera y la segunda estrofas en una tercera aún no compuesta y el grupo intervenía al completo en la introducción, idea que se descartó en la sesión posterior. Glyn la mezcló entre abril y mayo en los estudios Olympic Sound, pero no se incluiría ni en su álbum prototipo ni en el oficial.

   Al no ser interpretada en la azotea por su más compleja instrumentación, "Let It Be" se perfeccionó el 31 de enero en el sótano, dentro de la "Apple Studio Performance", que así constaría en las cajas de las cintas como última entrega de esta aventura. El quinteto registró múltiples tomas comprendidas entre la 20 y la 27, numeración derivada de la claqueta del filme. La 20a se desechó por la saturación de la voz solista al cantar su responsable muy cerca del micro; en la tanda 22, al parecer, se planteó el tempo del tema, y algunos de los comentarios se seleccionaron para la compilación previa de Johns; la tanda 25 cosechó algunas gracietas en alemán, tras las cuales Paul contó en ese idioma para entrar de nuevo y volvió a citar al Hermano Mal en la letra como chiste recurrente; la toma 26b se frustró por sonar un teléfono en la intro; de la tanda final, la toma 27a acabó en el long play inédito Get Back y sirvió de base al single y al álbum Let It Be, mientras que la 27b, sin la risa de George al principio y convenientemente editada, formó parte de la película.

   Reconsiderando los intereses discográficos y decidiendo en este sentido que "Let It Be" requería overdubbing, Los Beatles reservaron el Estudio Tres de Abbey Road el 30 de abril, con Chris Thomas como productor, para reemplazar el solo de guitarra de Harrison por otro ejecutado con su Telecaster a través del altavoz Leslie. Glyn Johns, que también había mezclado la toma 27a en Olympic Sound, regresó allí el 28 de mayo y optó por la remezcla de la que mejoró George, presente en esta ocasión, ofreciendo un contenido más actualizado de Get Back que ya se desviaba del concepto original de directo. Su fecha de salida se fue posponiendo paulatinamente hasta agotar el calendario comercial de EMI en 1969.

   "Let It Be" se solventaría en la que fue la última sesión de Los Beatles como grupo, el 4 de enero de 1970 en el Estudio Dos de Abbey Road. La toma 27a recibió así la adición de los coros de Paul y Linda McCartney junto con George Harrison, más una reducción de sus ocho pistas por triplicado, simultaneada con la grabación de una sección de viento que orquestó George Martin, obteniéndose la 28, la 29 y, definitivamente, la 30 y óptima. A ésta se añadieron nuevas aportaciones de Starr a la batería y de McCartney a las maracas, otro solo de guitarra de George con su Gibson Les Paul "Lucy", más punzante y distorsionado, y algunos violonchelos, debidos también a Martin, justo al terminar la canción. Aunque no haya constancia de ello en los archivos de Abbey Road, hubieron de ser registrados otro bajo con el Rickenbacker 4001S de Paul, que sustituiría de algún modo al de seis cuerdas de John, y un piano eléctrico, seguramente a cargo del primero. Glyn ignoraría esta versión en la propuesta para el LP que realizó al día siguiente, pues eligió la anterior, remezclándola a su gusto el día 8 en Olympic Sound. Y al igual que sucediera con "Get Back", las variaciones que distinguieron los formatos fonográficos indujeron a pensar que había dos tomas, cuando era la misma con dos pistas de guitarra solista diferentes y un buen trabajo de edición.

   En el single, una vez alcanzado el clímax de la progresión instrumental creciente, se incluye el solo del 30 de abril de 1969 orientado hacia la derecha y se minimizan los arreglos de viento y cuerda posteriores. El órgano emerge a la izquierda, como los coros cuando empiezan, aunque luego se invierten en el espectro y se enfrentan a aquél. Con una perspectiva central se van ubicando el piano, la voz solista, la batería y el bajo, que entra a 1'03", más los metales a 1'32", las maracas y los recordings de timbales a 2'42", así como los violonchelos a 3'23". Es la segunda de las dos remezclas estereofónicas de la toma 30 que llevó a cabo George Martin el 4 de enero de 1970, preservada en compacto en la recopilación Past Masters Vol. 2 con una duración de 3'48". La mezcla destinada a las diversas publicaciones monofónicas del sencillo se consiguió por la simple combinación de los canales L y R de la antedicha.

   En el álbum, dado el plano y el nivel de eco de cinta aplicado, se aprecia con nitidez cómo el chaston se anticipa al redoble que introduce el segundo bloque de estribillos, donde la orquesta también adquiere una prominencia que ya no abandonará. El piano eléctrico apoya con más fuerza el break entre 1'45" y 1'51", sobresaliendo la guitarra desde 1'57", con el solo del día 4 panoramizado en el medio y una serie de dibujos para los estribillos finales, a los cuales se incorpora un tercero, el del verso There will be an answer. El Hammond está ahora a la derecha, mientras que los violonchelos a la izquierda. Y persiste lo que se antoja como un error en la mano derecha del piano acústico, un La menor mal pulsado, a los 2'58". Phil Spector partió de la toma 30 de "Let It Be" el 26 de marzo de 1970 en la Sala Cuatro de Abbey Road y editó las cuatro remezclas estéreo resultantes para lograr la deseada, de 4'01".

"You Know My Name (Look Up The Number)" (17 de mayo, 7, 8, 9 de junio de 1967, 30 de abril y 26 de noviembre de 1969)
JL: guitarra, percusión*, palmas, voz, efectos*; PM: bajo, piano, percusión*, palmas, voz, efectos*; GH: guitarra, vibráfono*, voz*; RS: batería, percusión, voz*. Mal Evans: efectos. Brian Jones: saxo alto.

   Ahondar en la génesis de "You Know My Name (Look Up The Number)" implica sumergirse en "You'll Be Mine" para descubrir a dos jóvenes aspirantes a la fama, uno entonando la melodía en su vena más crooner y otro alardeando de su absurda labia en el puente de tan primitiva rareza McCartney-Lennon. Del Liverpool de 1960 a la universalidad de "Everywhere It's Christmas" en el flexi Pantomime de 1966 -leánse TBG 12 y 9-, todo esto no dejaba de ser una broma para Los Beatles. De hecho, en una época próxima a la de aquella campaña del club de fans, John Lennon había leído "You have their name? Look up their number" en un eslogan publicitario de Post Office Telecommunications y quería cantar el reiterativo "cuento de la buena pipa", con un enfoque de los Four Tops que Paul McCartney encauzó luego hacia la Bonzo Dog Doo Dah Band. Por ello, la contrapartida de "Let It Be" en disco pequeño sería encarpetada en Abbey Road hasta que cobró de repente este sentido.

   Musicalmente, el esqueleto de la canción se asemejaría a un puzzle de cinco piezas, la primera de las cuales se elaboró el 17 de mayo de 1967 en el Estudio Dos de Abbey Road con el auspicio de Geoff Emerick. Se necesitaron catorce tomas para dominar una jam de guitarras, bajo, batería y escasa contribución vocal, aderezada con palmas y un toque de bongos, que en el décimo intento convenció a quienes no tenían muy claro si estaban ensayando o grabando. Pero el 7 de junio Los Beatles junto a George Martin fijaron su atención en el noveno para tantear algunos añadidos por itinerarios paralelos, que desembocaron en una sucesión de tomas sin orden ni concierto, como las numeradas de la 20 a la 24, con alrededor de veinte minutos de guitarra, órgano y batería, más el ritmo de una pandereta y la melodía de una flauta, un tanto alocada en las presuntas manos de algún miembro del cuarteto. Aunque semejante caos condicionó el hecho de que fuera borrado de los carretes el título del tema y en su lugar figurara el de "Intrumental-Unidentified", McCartney afirmaba a Harrison en los interludios que había una estructura "premeditada", y el guitarrista se llevó a casa una premezcla monofónica de lo último que registraron.

   A lo largo de los dos días que siguieron, dedicados el 8 a grabar y el 9 a mezclar, "You Know My Name (Look Up The Number)" quedó lista para ser archivada. De esta manera se acometieron las partes segunda, tercera, cuarta y quinta, con un balance de doce, cuatro, seis y una tentativas respectivamente, para un amplio abanico de pistas de guitarra solista, bajo, piano, vibráfono y batería. Cabe señalar que Brian Jones de los Rolling Stones, invitado por Paul McCartney, asumió un escueto solo de saxofón. Completó el rompecabezas la anexión de ruidos y efectos al fragmento final, recurriéndose a las aves para alguno de ellos, amén de otros detalles de piano, armónica y bongos, más distintos artilugios del socorrido trastero de EMI. Y, finalmente, en la sala de control se ensamblaron las cinco secciones por edición de las tomas 9, 12, 4, 6 y 1 dando la denominada 30, de 6'08", que se mezcló en mono y se copió a una cinta de cuatro pistas para adiciones vocales ulteriores.

   Aquella base rítmica se desempolvaría casi dos años más tarde, el 30 de abril de 1969, durante la penúltima sesión de "Let It Be", después de un tímido apunte de John al piano eléctrico y Paul a las voces el 14 de enero en Twickenham. El tándem resolvió su obra en Abbey Road a dúo, compartiendo un solo micrófono como en los viejos tiempos y, por añadidura, farfullando y tosiendo al más puro estilo de Bluebottle en The Goon Show. Así de divertido lo recuerda el técnico Nick Webb, segundo de Chris Thomas por aquel entonces, asombrado aún de que emplearan el antiguo magnetofón de cuatro pistas. También hicieron palmas y, para rizar el rizo con una textura sonora muy especial, registraron a Mal Evans paleando grava. La tercera de las tres remezclas monofónicas realizadas, por ser la mejor, se copió, se renumeró como cuarta y se acortó por edición a 4'19" el 26 de noviembre.

   La manipulación final de "You Know My Name (Look Up The Number)" no pretendía más que adecuar su duración al estándar de un single, aunque no de Los Beatles, sino de la Plastic Ono Band, pues por cuenta de ésta se había reservado la última fecha en Abbey Road con Geoff Emerick y salvado de paso "What's The New Mary Jane?", otra extravagancia de John Lennon como autor y coproductor para el lado B. Siendo su voluntad el lanzarlo a toda costa, al margen de créditos y royalties, el vinilo se prensó y cortó apresuradamente para estar en la calle el 5 de diciembre con la referencia APPLES 1002. La compañía del cuarteto emitió una nota de prensa donde se explicaba que John y Yoko cantaban en la grabación, amparados instrumentalmente por "renombradas figuras del mundo del espectáculo", lo cual dirigió el punto de mira hacia Los Beatles. Por razones que se desconocen, el disco no vio la luz pero "You Know My Name (Look Up The Number)" respaldó a "Let It Be" como sencillo el 6 de marzo de 1970, y en las primeras tiradas del mismo podía leerse la susodicha referencia de la matriz anterior. Dieciocho años después, la remezcla mono también se recogería en el álbum Past Masters Vol. 2. Y Paul confesaría que el tema era probablemente su "favorito" de Los Beatles.

   Además de lo expuesto, y con objeto de continuar desarrollando el análisis del tema iniciado en estas páginas por su aparición en Anthology 2 restaurado y en estéreo -véase TBG 13-, resulta fundamental comparar ambas versiones para descifrar el montaje definitivo, aunque sin abordar la remezcla de 1996 por considerarse anacrónica. Así, la primera parte dura 0'48" en Past Masters Vol. 2, mientras que en Anthology 2 se extiende hasta 1'05" y conecta con la segunda, un reprise que abarca de 1'06" a 2'17" con el acompañamiento invertido y las voces más agudas. Nada de eso ocurre en Past Masters Vol. 2, donde la tercera parte se superpone a la primera y llega a los 2'18", con percusión variada, ausencia de bajo e introducción del protagonista seguida de aplausos que recrean la atmósfera de una animada boîte: Good evening and welcome to Slaggers, featuring Dennis O'Bell. Aquí no se trata del Billy Shears encarnado por Ringo Starr, aunque también se mencione al baterista, sino un engendro de Dennis O'Dell, directivo de Apple, que interpreta Paul McCartney con exagerada modulación laríngea. Tras el fade out de la música se sitúa entre 2'19" y 3'02" la cuarta parte, que no es exactamente igual a la de Anthology 2, como puede comprobarse simplemente al escuchar la entrada del silbato que remeda el canto del cuco dentro de la maraña efectista. Por último, la quinta parte comienza con la frase de piano a los 3'03" en Past Masters Vol. 2, recupera el bajo y contiene desde los 3'51" la colaboración jazzística de Brian Jones para cerrar. En resumen, el proceso de edición afectó sobre todo a la segunda sección, que John Lennon y Geoff Emerick literalmente eliminaron de la cinta madre.

*Indemostrable según fuentes acreditadas.

© Enrique Sánchez [enriquesanchez@beatlebiz.com]


El hombre puso nombre a todos los animales
("Dixgresión" sin agresión sobre el ser y el llamarse)
13/5/05

uenta el libro del Génesis, y lo repite Bob Dylan, que Dios puso al hombre en el Jardín del Edén, para que lo gobernara. Y uno de los primeros cometidos del hombre —como imagen y semejanza de Dios— fue poner nombre a todos los animales. Así que imaginemos esa cuestión de forma bien sencilla, empezando por el principio, in the beginning, long time ago...

   El primer encuentro con el perro llevó al hombre a llamarlo "perro", aunque, claro está, en una lengua edénica que ahora desconocemos, y de la que se supone que todas son fragmentación y rescoldo. La respuesta del perro fue responder "guau" (ya existía la onomatopeya), y prestarse a la larga historia de domesticación y amistad (proceso de delegación por parte de Dios de la tarea creativa que dura hasta nuestros días, pues aún hoy, según los documentales de la 2, se encuentran seres vivos, pigmentos, células infinitesimales... a los que se les pone nombre; pero esa es otra historia). Al perro, como no es una criatura con capacidad de rebeldía a los planes divinos, le importa un pimiento cómo lo llamen, mientras lo llamen del mismo modo siempre. Si al domesticar un a un cachorrillo, le llamamos una vez "Sultán", otra "Toby", y luego "Canelo, ¡ven aquí!", el animalillo no se ofendería; sencillamente no se dignaría acudir a las manos del amo. Pero los hombres somos otra cosa. A nosotros se nos ha dado la facultad de nombrar, con un simbolismo que indica que, al dar nombre, damos también el ser exacto a las cosas. O así debió ser en un principio. Ninguno de nosotros (o casi) se ha dado a sí mismo el nombre, sino que lo ha recibido, como una especie de herencia. Nosotros también somos nombrados, recibiendo así la estrella de nuestro destino, de algún modo. Pero el hombre es rebelde.

   Dejando el paradigma canino, por demasiado trillado, y sin irnos tan lejos como para considerar la metafísica de la célula, pongamos otro ejemplo. Los escarabajos son una especie interesante. Un pueblo biológico humilde, sin duda, pues ha pasado por la circunstancia de ser considerado un dios en el antiguo Egipto, sin que se le subiera a la cabeza (aunque el lector de Sinuhé El Egipcio podrá comprobar la azarosa vida del ídolo, que llegó a estar escondido en el tracto rectal de Sinuhé). Hoy día los encontramos en medio de la turba, un día de lluvia, con la misma desmemoriada sencillez de la que gozaba a la orilla del Nilo milenario. Nadie se imagina al simpático escarabajo diciéndole al hombre: "¡Eh, no me gusta llamarme 'escarabajo'! ¡A partir de ahora llámame 'cronopio'!". Aunque es absurdo pensar en un animal inventando tal nombre. Eso es propio del hombre, en concreto de Julio Cortázar. Al escarabajo, como al perro, le basta ser como es. Pero lo más grotesco sería imaginarse a, pongamos por caso, una cucaracha, diciendo: "¡A mí sí, a mí sí! ¡Llámame a mí 'escarabajo'!". La cucaracha, no hay que dudarlo, tiene su dignidad. Parece esconderse durante el día —se comenta que echa largas siestas, costumbre que se consolidó en su migración por las Islas Canarias—, sale de noche por lugares oscuros —antros viscosos, esquinas malolientes— ingiere gran cantidad de bebida pantanosa, no tiene en sí sustancia, aparte de un agüilla sucia que expele al ser pisoteada y vacío en la cabeza, no se le conocen grandes aficiones musicales, y además tiene poca memoria, porque no recuerda su origen de cucaracha, y, si tuviera que aprender a cantar, siempre cantaría las mismas canciones, al ser incapaz de ampliar el repertorio. Y además, pobrecita, espanta con gran eficacia al género humano de sexo femenino. Esto último lo hemos comprobado miles de veces; es en vano decirle a una mujer, cuando se sube a una silla ante la visión de la criaturita, que este bicho también tiene su encanto. Nada, que no. No se llevan bien.

   Volvamos al tema. Si la cucaracha nos pidiera que la llamáramos "escarabajo", habríamos de preguntarle el por qué. Podemos imaginar una respuesta: "Es que yo pasé un tiempo con otras cucarachas, y en compañía de un respetado escarabajo, y nos gustó mucho su vida. Iba de aquí para allá haciendo amigos, no asustaba a nadie, era estudiado por entomólogos especialistas y coleccionistas expertos. Así que llegamos a disfrazarnos como él, para llevar también esta clase de vida. Pero un día estábamos haciendo un número de coros y danzas en una esquina, y el presentador del concierto —un saltamontes divertido y rumboso— nos llamó "cucarachas" ante el público. Entonces el escarabajo nos echó de su compañía, por sucias y por perezosas, y porque, la verdad, no parecíamos escarabajos. Y decidió rodearse de auténticos escarabajos, y desde entonces le va muy bien. "¡Pero nosotras estamos enfadadas, nosotras queremos ser escarabajos y que nos quieran igual! Pero nos da tanta pereza... Sentimos desde entonces que cargamos con una gran crux a nuestras espaldas...". Y terminaría con un largo bostezo sesteante, encaminándose hacia una charca cercana.

   En fin, todo esto es hipótesis, pero muestra la incongruencia zoológica de querer llamarse de otro modo.

   En la historia humana hay casos parecidos. Los mismos Beatles, cuando aún tenían acné juvenil, y siguiendo una moda de la época, se cambiaron un poquito el nombre. Pero no el nombre de la especie beatle, sino el de cada uno. Paul McCartney se puso "Paul Ramon", porque dice que le sonaba francés, y George Harrison se autodenominó "Carl Harrison", en honor a Carl Perkins. Pero esta enfermedad de juventud pasó pronto y todo el mundo los ha conocido siempre como John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr. Su fama fue tal que, en todo el mundo, surgen personas que disfrutan de su música, oyéndola y tocándola. En España existe incluso un conocidísimo grupo llamado —¡caramba, qué coincidencia!— "Los Escarabajos". ¿Os imagináis que alguien quisiera llamarse igual que ellos? En fin, de todo hay. La historia de la zoología humana nos dice que la fantaseada narración de la cucaracha puede darse en el hombre, que quiere ser lo que no es. Algo de esto le pasó a Adán, que comió de un fruto que, al final, le supo muy, muy amargo.

© Jesús Beades [jesusbeades@yahoo.es]